Quisiera empezar a escribir sobre las cuestiones que realmente son las más importantes, y entre ellas, el rey de todos los temas: el amor. Y quiero hablar desde el ideal sí, como propuse en "continuando con la propuesta ética"; pero sobre todo desde la experiencia, porque este tema así lo exige.
El amor, para ser amor, debe ser incondicional. De esto hemos hablado cuando presentamos el principio de "limpieza" en nuestra ética. Sin embargo es necesario andar mucho antes de manifestar tal tipo de amor. Muchas veces necesitamos previamente sanar profundas heridas o conflictos propios antes de poder hablar de "amar" a alguien. Es por eso que recomendé y recomiendo buscar un maestro. En occidente, también puede ser un psicólogo, por qué no. Hasta cierto punto son equivalentes (y yo soy psicólogo entre otras cosas, dicho de paso).
La verdad sea dicha, ninguno de nosotros es tan perfecto que no necesite cambiar un poco a fin de llegar a ese amor ideal. Lo que en cambio estamos leyendo todo el tiempo es que "espero el príncipe azul", "que cumplimente mi ser", etc. A lo sumo hemos llegado a ver la necesidad de no criticar y ser tolerantes con el otro, eso es un ENORME avance si es que lo hacíamos y estamos dejando o dejamos ya de hacerlo. Pero aún falta la media naranja de este asunto: ¿qué hay con nosotros? ¿cómo nos verá el otro desde su lado? ¿somos tan perfectos? ¿soy yo el príncipe azul que el otro esperaba?
Entonces, de ambos lados, debe haber un reconocimiento de nuestros valores y nuestros defectos. Esto en el amor como en todos los ámbitos de la vida.
Cuando yo estuve en pareja, conviviendo juntos, al comenzar todo yo le había planteado a mi pareja lo siguiente: "¿vamos a crecer juntos?". Y a eso nos dedicamos: a crecer juntos. Vivimos todos nuestros sueños de pareja, nos sacamos realmente las ganas, nos educamos mutuamente, porque es así: un verdadero amor te educa.
Esto se comprende mucho mejor con una perspectiva acertada acerca de qué es este mundo. Este mundo es un lugar de paso. Toda experiencia en este mundo debe ser comprendida como transitoria, aún cuando dure 80 años de pareja o matrimonio, al final está la muerte, y eso implica transitoriedad. Entonces, creo humildemente que la mejor perspectiva es tomar la aventura de la pareja o matrimonio como una experiencia educativa. No es que uno se graduó de "adulto" y ya no tiene que aprender más. No: toda la vida es aprendizaje.
Y qué decir si hay hijos... el más grande amor se aprende con los hijos, porque ellos no pueden darnos nada material a cambio, sólo bienes inmateriales, tales como cariño, sonrisas, diversión... con ellos uno aprende el verdadero sentido de la palabra "amor". El amor es en esencia así: incondicional.
Acá viene otro tema: La mente femenina comprende lo que acabo de decir mucho mejor. La mente masculina es más proclive a pensar sólo en términos del placer o felicidad que se obtiene de la pareja. Hablo de mentes y de "masculino-femenino", porque el cuerpo que se tenga, hoy en día, no dice nada. Lo importante es tu mente, tu autoconciencia. En ese sentido hay que tener cierto equilibrio, lo masculino y lo femenino en mí, en cuáles proporciones voy a definirme. No importa si te defines un 90% masculino, pero entonces no te busques una pareja que también sea así, busca quien te complemente. Entonces volvemos a lo mismo: es necesario conocer los propios valores, carácter, personalidad, identidad y orientación sexual, y tomar la experiencia amorosa como otro aspecto de este viaje de autoconocimiento -y conocimiento del otro- que es la vida.
El autoconocimiento no es posible sin conocer al mismo tiempo al otro. Cuando en otras entradas les decía que somos interdependientes, pues también lo somos en esto de conocernos a nosotros mismos. Porque no somos uno, somos muchos, infinitos quizás, pero a la vez somos uno, y si no lo somos debemos aprender a serlo. Verdaderamente, el empezar a hablar en primera persona del plural, debería ser nuestra práctica cotidiana. Sin perder el tú y el yo, siendo nosotros.
Esto se llama "inconcebible simultaneidad de la unidad en la diferencia": cuando lo imposible se hace posible, cuando se superan las barreras lógicas de la no-contradicción.
Hasta ahora hemos trabajado sobre el principio de diferenciación, separación, individuación, competencia. Y hemos caído en el abuso de la colonización, opresión, dominación…
Es tiempo de que aprendamos a amar, a amar en todos los sentidos. El amor no se agota en la pareja. Buscar el "príncipe azul" es negar una gran parte de lo que somos. Somos muchas cosas, muchos tipos de relaciones.
Todo empieza en esa doble vía que va del yo al tú y del tú al yo, constituyendo un nosotros. Y cuando aparece él, el tercero, entonces (parece) que ya estamos completos. Porque el dos original representa el pasado que llega hasta el presente, la experiencia que se da como legado. El tercero (o terceros) es la semilla del futuro, plantada en el presente. En otras palabras: los padres son el legado, la experiencia, y el o los hijos son el futuro, lo porvenir.
Luego viene el adentro y el afuera, el compromiso social, porque no somos sólo familia, somos comunidad, conjunto de familias, cada una con una misión particular, con una responsabilidad social.
Así, se van dibujando todas las dimensiones de nuestra vida: pareja, paternidad o maternidad, compromiso social o comunal. Y otros tres, que la psicología social ya supo describir: trabajo, familia, tiempo libre. En cada uno de estos sectores de nuestra vida tenemos diferentes tipos de relaciones, y son esas relaciones lo que verdaderamente importa, porque son diversas manifestaciones de lo mismo: el amor que nos une.
En definitiva, somos seres multidimensionales - un ser multidimensional… Y pongo punto porque ya es necesario.
Polo sur de la re-evolución de nuestra conciencia. Libérate de la ilusión. Concibiendo una nueva base ética. Vinculamos a los sitios re-evolucionarios. Pueden escribirnos en privado a nadiedas@hotmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta incondicional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta incondicional. Mostrar todas las entradas
martes, 2 de noviembre de 2010
El amor de los seres multidimensionales
Etiquetas:
amor,
aprendizaje,
autoconocimiento,
conocimiento,
diferencia,
educación,
identidad,
incondicional,
multidimensional,
nosotros,
orientación,
relaciones,
sexual,
transitoriedad,
unidad,
valores
lunes, 1 de noviembre de 2010
Continuando con la propuesta ética
Quiero retomar la cuestión ética. Lo primero que haré es analizar un concepto fundamental: no puede haber ética sin un norte, una estrella, un ideal.
En entradas anteriores he explicado el concepto de "mundo espiritual", llamándolo "espiritual" como opuesto al mundo "material". Aquél a quien reconozco como mi principal maestro, Srila Prabhupada, quien tradujo magistralmente el Bhagavad-Gita "Tal como Es", ha nombrado en uno de sus libros a este mundo espiritual como "mundo antimaterial", ya que sus características son justamente las opuestas al mundo "material" o sea, este mundo en que tú, lector, y yo, vivimos en este momento.
Lo que yo propongo ahora es que me sigas para ver cuán lejos nos lleva imaginar dicho "mundo espiritual" como nuestro "mundo ideal" o estrella-guía.
Antes hablé de ciertas características atractivas del mundo espiritual, pero hoy deseo enfocar aquéllas que justamente nos interesan desde la ética. Y dichas características tienen que ver con las relaciones entre personas. Al fin y al cabo, la ética nace a partir de la necesidad de coordinar la convivencia entre muchas personas.
En el mundo espiritual o ideal, rigen algunos principios fundamentales:
1) Cada persona tiene plena conciencia de quién es, cuáles son sus gustos y disgustos, cuáles sus cualidades y cuáles sus responsabilidades auto-asumidas.
2) Todos realizan las tareas que les agradan, y hay personas para todos los gustos, por eso todas las tareas son realizadas.
3) Todos sin excepción, cumplen a rajatabla con sus responsabilidades auto-asumidas.
4a) Todos lo hacen, sin esperar nada a cambio. En otras palabras: incondicionalmente.
4b) Todos lo hacen por amor, puro amor o amor puro, de nuevo: incondicionalmente.
5) Existe por supuesto el ocio, pero la forma como las personas lo encaran no es diferente del modo como realizan otras tareas. De hecho no existe la distinción entre trabajo y ocio, pues dicha distinción se debe a que, en nuestra condición presente, "trabajo" significa esfuerzo, algo que hacemos a desgana total o parcial. En la condición ideal, cada tarea que realiza cada persona le es de su agrado y además, esa persona tiene las cualidades necesarias para hacerla.
Para dar un ejemplo cotidiano, en mi hogar yo asumí ciertas tareas como mías: trámites de todo tipo (banco, compras), lavar los platos y la ropa, y a veces, regar, barrer y otras tareas por el estilo. ¡Oh! Y limpiar todo lo que use y ensucie, tal como el baño. Por el resto de las cosas no me preocupo, otra persona lo hace por mí. Yo no espero que lo haga, ni la otra persona espera nada de mí. Lo hacemos simplemente porque asumimos esas responsabilidades, aunque en última instancia, lo hacemos porque nos amamos.
Agrego que disfruto de la limpieza o de los trámites, y lo valoro porque me mantiene en actividad física sin tener que pagar un gimnasio extra.
Si agregamos la presencia de un hijo, pues dice la sabiduría oriental que el amor de una madre por su hijo es lo más parecido al amor "ideal", por lo que tiene de incondicional (el hijo no puede darte nada a cambio, materialmente hablando).
Cuando se trata de la sociedad más amplia, el problema es que no siempre hallamos reciprocidad; pero ello no nos excusa: si asumimos una responsabilidad debemos cumplirla, eso significa justamente, que ya somos "mayores de edad" y responsables. En la medida que más personas se vayan responsabilizando, la sociedad se irá pareciendo más y más a nuestro "mundo ideal". Y en última instancia, según la ley de acción y reacción o karma, uno recibe lo que da, y eso es infalible…
Ya he hablado antes de la relación entre conciencia, libertad y responsabilidad, en "El misterio de la libertad parcialmente revelado". Resumiéndolo: no esperes libertad si no eres responsable; tendrás tanta libertad como responsabilidad asumas por tus actos.
Quisiera terminar esta entrada con tres máximas o si se quiere, simples consejos:
"Empieza por casa. Da tú el primer paso. Para cambiar tu mundo, cambia tú"
"Asume tu mayoría de edad. Descubre quién eres y cuáles son tus cualidades, decide qué te gusta hacer y cuáles serán tus responsabilidades. Luego cúmplelas."
"Si no puedes hacer por ti mismo lo anterior, busca en tu entorno a alguien que te inspire, te auxilie o te aconseje en cuanto a cuestiones concretas. Te lo digo porque yo he vivido todas las etapas (hasta ahora) y por eso sé de qué hablo: antes yo simplemente (creía que) me las arreglaba solo, pero luego descubrí la alegría y alivio de poder admitir mi ignorancia en ciertas ocasiones y asuntos y consultar con otras personas en quienes confío. Es el camino más fácil y a la vez el mejor. Del otro modo tienes que volverte estoico para soportar muchos dolores de cabeza que te producen tus continuas acciones erradas."
En entradas anteriores he explicado el concepto de "mundo espiritual", llamándolo "espiritual" como opuesto al mundo "material". Aquél a quien reconozco como mi principal maestro, Srila Prabhupada, quien tradujo magistralmente el Bhagavad-Gita "Tal como Es", ha nombrado en uno de sus libros a este mundo espiritual como "mundo antimaterial", ya que sus características son justamente las opuestas al mundo "material" o sea, este mundo en que tú, lector, y yo, vivimos en este momento.
Lo que yo propongo ahora es que me sigas para ver cuán lejos nos lleva imaginar dicho "mundo espiritual" como nuestro "mundo ideal" o estrella-guía.
Antes hablé de ciertas características atractivas del mundo espiritual, pero hoy deseo enfocar aquéllas que justamente nos interesan desde la ética. Y dichas características tienen que ver con las relaciones entre personas. Al fin y al cabo, la ética nace a partir de la necesidad de coordinar la convivencia entre muchas personas.
En el mundo espiritual o ideal, rigen algunos principios fundamentales:
1) Cada persona tiene plena conciencia de quién es, cuáles son sus gustos y disgustos, cuáles sus cualidades y cuáles sus responsabilidades auto-asumidas.
2) Todos realizan las tareas que les agradan, y hay personas para todos los gustos, por eso todas las tareas son realizadas.
3) Todos sin excepción, cumplen a rajatabla con sus responsabilidades auto-asumidas.
4a) Todos lo hacen, sin esperar nada a cambio. En otras palabras: incondicionalmente.
4b) Todos lo hacen por amor, puro amor o amor puro, de nuevo: incondicionalmente.
5) Existe por supuesto el ocio, pero la forma como las personas lo encaran no es diferente del modo como realizan otras tareas. De hecho no existe la distinción entre trabajo y ocio, pues dicha distinción se debe a que, en nuestra condición presente, "trabajo" significa esfuerzo, algo que hacemos a desgana total o parcial. En la condición ideal, cada tarea que realiza cada persona le es de su agrado y además, esa persona tiene las cualidades necesarias para hacerla.
Para dar un ejemplo cotidiano, en mi hogar yo asumí ciertas tareas como mías: trámites de todo tipo (banco, compras), lavar los platos y la ropa, y a veces, regar, barrer y otras tareas por el estilo. ¡Oh! Y limpiar todo lo que use y ensucie, tal como el baño. Por el resto de las cosas no me preocupo, otra persona lo hace por mí. Yo no espero que lo haga, ni la otra persona espera nada de mí. Lo hacemos simplemente porque asumimos esas responsabilidades, aunque en última instancia, lo hacemos porque nos amamos.
Agrego que disfruto de la limpieza o de los trámites, y lo valoro porque me mantiene en actividad física sin tener que pagar un gimnasio extra.
Si agregamos la presencia de un hijo, pues dice la sabiduría oriental que el amor de una madre por su hijo es lo más parecido al amor "ideal", por lo que tiene de incondicional (el hijo no puede darte nada a cambio, materialmente hablando).
Cuando se trata de la sociedad más amplia, el problema es que no siempre hallamos reciprocidad; pero ello no nos excusa: si asumimos una responsabilidad debemos cumplirla, eso significa justamente, que ya somos "mayores de edad" y responsables. En la medida que más personas se vayan responsabilizando, la sociedad se irá pareciendo más y más a nuestro "mundo ideal". Y en última instancia, según la ley de acción y reacción o karma, uno recibe lo que da, y eso es infalible…
Ya he hablado antes de la relación entre conciencia, libertad y responsabilidad, en "El misterio de la libertad parcialmente revelado". Resumiéndolo: no esperes libertad si no eres responsable; tendrás tanta libertad como responsabilidad asumas por tus actos.
Quisiera terminar esta entrada con tres máximas o si se quiere, simples consejos:
"Empieza por casa. Da tú el primer paso. Para cambiar tu mundo, cambia tú"
"Asume tu mayoría de edad. Descubre quién eres y cuáles son tus cualidades, decide qué te gusta hacer y cuáles serán tus responsabilidades. Luego cúmplelas."
"Si no puedes hacer por ti mismo lo anterior, busca en tu entorno a alguien que te inspire, te auxilie o te aconseje en cuanto a cuestiones concretas. Te lo digo porque yo he vivido todas las etapas (hasta ahora) y por eso sé de qué hablo: antes yo simplemente (creía que) me las arreglaba solo, pero luego descubrí la alegría y alivio de poder admitir mi ignorancia en ciertas ocasiones y asuntos y consultar con otras personas en quienes confío. Es el camino más fácil y a la vez el mejor. Del otro modo tienes que volverte estoico para soportar muchos dolores de cabeza que te producen tus continuas acciones erradas."
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)